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El Maratón de una vida

 La enfermedad tocó la puerta de su casa y entró.  Sólo le quedaba una posibilidad: crecer. 


El diagnóstico

A los 17 años, a Sebastián se le inflama un ganglio en una axila y obviamente no le da mayor importancia. Poco después viene otra inflamación; esta vez en el cuello, lo que le motiva a visitar un especialista.

Como tantos otros Sebastián acudió al médico para que le dijera que no tenía nada. Sin embargo, el resultado de los estudios no fue motivo de alivio sino de consternación. Los síntomas que padecía eran una manifestación de LYMPHOMA, un cáncer que, como su nombre indica, afecta el sistema linfático. Su testimonio personal, expresado años después, resume su impacto ante ese frío diagnóstico: «en un instante comprendí que algo grave y potencialmente mortal me estaba ocurriendo. Y mi actitud cambiaría a partir de ese momento…».     

 

El tratamiento

Una vez confirmado el diagnóstico y establecido el protocolo de atención, se programó el inicio del tratamiento a principios de noviembre de 1988. Antes de comenzar, Sebastián celebró una cena seria pero optimista con su familia. La última en un estado de salud relativamente estable antes de la primera quimioterapia.

Después de la cena, Sebastián sufrió una trombosis que obligó a su internación inmediata. Su salud continuó deteriorándose y fue necesario someterlo a diversas intervenciones para tratar las complicaciones derivadas de la trombosis y del avance del cáncer, enfermedad que progresaba aun ritmo mayor. En estos momentos de crisis, el médico que atendía a Sebastián se encontraba fuera del país y fue necesario aplicar un protocolo distinto al que se había previsto originalmente.

Hacían falta análisis cada cuatro horas y 14 ó 15 sueros diferentes. Para aplicar estos sueros se recurrió a distintas venas y arterias, no sólo en los brazos sino también en los dedos de los pies, en las ingles y en distintos puntos del cuerpo.

Ese fue el momento decisivo de la lucha personal de Sebastián contra el cáncer: «Ante el gran deterioro de mi salud, ante el dolor físico y el cansancio, cerré los ojos y deseé por un instante ser liberado de lo que parecía un tormento. Pero segundos después comprendí que ese deseo era absurdo, que yo tenía todo para salir adelante: juventud, familia, amigos…».

Surgió entonces la determinación por salir adelante y la voluntad de sobreponerse, conquistar la enfermedad y asumir el sacrificio que implica superar el cáncer. Su deseo de vivir y su firmeza acabarían por contagiar a todos: familiares, amigos, médicos y enfermeras.

Hacía dos semanas que había empezado todo y se optó por una estrategia más agresiva que implicaba altos niveles de toxicidad. Fue una dura decisión para los padres de Sebastián.  

A partir de la aplicación de la primera quimioterapia comenzaron a notarse resultados positivos. Parecía inconcebible que, en tan poco tiempo, pudieran generarse cambios tan profundos. El estado físico de Sebastián mejoró rápidamente y los pronósticos de recuperación cambiaron de manera favorable. En total, el tratamiento comprendería una quimioterapia mensual durante nueve meses, así como dos meses de radiaciones y dos intervenciones quirúrgicas.

 

 

La batalla decisiva

Como suele ocurrir con este tipo de enfermedades, el cáncer de Sebastián puso a prueba no sólo a quien lo padecía, sino a todos sus allegados. Esto entabló un vínculo más estrecho y firme entre todos los miembros de la familia, pero de manera muy especial con sus padres.

Dado que  su tratamiento se llevó a cabo fuera de México, tanto su hermano como una de sus hermanas se mudaron para estar cerca de él. La vida familiar adquirió una atmósfera especial de afecto y solidaridad. Además, en algunas ocaciones pudo recibir la visita de amigos y compañeros de la escuela que acudieron al hospital para animarle.

Sebastián es una de las personas que, gracias a su determinación, a una atención médica esmerada y al apoyo de amigos y familiares, han podido sobreponerse al cáncer. Una vez concluido el protocolo, al constatar el éxito del tratamiento y la recuperación de su salud, se generó un aire de victoria y una sensación de haber subyugado a la imbatible enfermedad.

A su regreso a México, Sebastián fue recibido y festejado en el aeropuerto por familiares y amigos reincorporandose a sus actividades habituales. Afortunadamente, su escuela, le permitió continuar con su preparación y pudo participar en la ceremonia de graduación en compañía de los demás miembros de su generación.

La segunda cura: las secuelas emocionales del cáncer

 A menudo, con la mejor intención, amigos y familiares imponen una carga pesada a los pacientes que logran superar una enfermedad grave. Se suele hablar de que la curación es una prueba de que esa persona tiene una “misión”, que su vida debe tener un sentido especial y que está llamado a realizar grandes obras.

Cualquier persona puede sentirse abrumada por esas ideas, pero un joven que acaba de cumplir los 18 años es todavía más susceptible a este tipo de presión. La noción de una encomienda especial es, al mismo tiempo, halagüeña y onerosa.

Ese tipo de presión puede convertirse en una excusa para todo aquello que sale mal y, al final, los errores y fracasos acaban por atribuirse a la enfermedad.

Un viaje en avión al poco tiempo de la alta provocó en Sebastián un ataque de ansiedad, circunstancia que hizo palpable la necesidad de una curación ya no física, sino emocional. Ese proceso le permitió deshacerse de las falsas ideas sobre el llamado a acciones excepcionales y aceptarse como una persona normal, con virtudes y defectos, sin más misión que la de vivir su vida como mejor pudiera.  

En ese entonces, Sebastián conoció a Yvette, su esposa. Uno de los riesgos del tratamiento era la infertilidad. No obstante, a las pocas semanas de matrimonio su esposa constató que estaba embarazada de su primer hijo, Sebastián. Después llegarían Santiago, Andrés y María Isabel. En once años Sebastián e Yvette se sienten muy satisfechos, felices, afortunados y agradecidos por la familia que están formando.  

No todo ha sido color de rosa. Sebastián ha debido apoyar a los suyos en la lucha contra el cáncer. A su padre se le diagnosticó la enfermedad y se curó con sus hijos a su lado. Además, a una de sus sobrinas se le diagnosticó leucemia a los dos años. A pesar de que vive lejos, los lazos familiares y afectivos se han consolidado y siempre se han mantenido fuertes. Afortunadamente, después después de tres años de tratamiento ella también logró salir adelante.

 

El proyecto sebastiáncorre

 Ya han pasado veinte años desde que Sebastián ha superado el cáncer y se ha propuesto emprender un proyecto para expresar su agradecimiento a todos aquellos que le brindaron su apoyo y para contribuir, a la vez, a ayudar a otros que padecen su antigua situación.

Así, con su deseo de ayudar a quienes padecen cáncer nació sebastiancorre.

Se trata de una iniciativa dirigida a promover el atletismo con carácter filantrópico, de forma que tal que se puedan reunir fondos para la Casa de la Amistad para Niños con Cáncer I.A.P., institución de asistencia privada que brinda apoyo integral a niños de escasos recursos que padecen cáncer en México.

 

 
 

El objetivo es reunir el mayor monto posible de recursos a través de la participación de corredores que se comprometan a hacer y a atraer donativos, para que niños menos afortunados dispongan de la atención y apoyos indispensables para enfrentar el cáncer. 

La labor que realiza la Casa de la Amistad tiene para Sebastián un significado especial por muchas razones, una de ellas, que la orientación y apoyo de un de sus miembros fundadores, la Sra. Annie Ballesteros, fue determinante cuando él estuvo enfermo. Al igual que muchos otros que han padecido y se han recuperado de algún cáncer, Sebastián tiene la decisión de apoyar siempre que pueda, con orientación y ánimos, a quienes se encuentren en ese difícil trance.

En este proyecto, Sebastián nuevamente nos muestra la actitud desafiante y optimista  con la que venció su enfermedad y tiene la convicción de que logrará su meta acompañado de muchos atletas de buena voluntad.

 

Sebastiancorre por la vida…  ¿y tú?

¡Únete a sebastiancorre!

 
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