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Una vez confirmado el diagnóstico y establecido el protocolo de atención, se programó el inicio del tratamiento a principios de noviembre de 1988. Antes de comenzar, Sebastián celebró una cena seria pero optimista con su familia. La última en un estado de salud relativamente estable antes de la primera quimioterapia.
Después de la cena, Sebastián sufrió una trombosis que obligó a su internación inmediata. Su salud continuó deteriorándose y fue necesario someterlo a diversas intervenciones para tratar las complicaciones derivadas de la trombosis y del avance del cáncer, enfermedad que progresaba aun ritmo mayor. En estos momentos de crisis, el médico que atendía a Sebastián se encontraba fuera del país y fue necesario aplicar un protocolo distinto al que se había previsto originalmente.
Hacían falta análisis cada cuatro horas y 14 ó 15 sueros diferentes. Para aplicar estos sueros se recurrió a distintas venas y arterias, no sólo en los brazos sino también en los dedos de los pies, en las ingles y en distintos puntos del cuerpo.
Ese fue el momento decisivo de la lucha personal de Sebastián contra el cáncer: «Ante el gran deterioro de mi salud, ante el dolor físico y el cansancio, cerré los ojos y deseé por un instante ser liberado de lo que parecía un tormento. Pero segundos después comprendí que ese deseo era absurdo, que yo tenía todo para salir adelante: juventud, familia, amigos…».
Surgió entonces la determinación por salir adelante y la voluntad de sobreponerse, conquistar la enfermedad y asumir el sacrificio que implica superar el cáncer. Su deseo de vivir y su firmeza acabarían por contagiar a todos: familiares, amigos, médicos y enfermeras.
Hacía dos semanas que había empezado todo y se optó por una estrategia más agresiva que implicaba altos niveles de toxicidad. Fue una dura decisión para los padres de Sebastián.
A partir de la aplicación de la primera quimioterapia comenzaron a notarse resultados positivos. Parecía inconcebible que, en tan poco tiempo, pudieran generarse cambios tan profundos. El estado físico de Sebastián mejoró rápidamente y los pronósticos de recuperación cambiaron de manera favorable. En total, el tratamiento comprendería una quimioterapia mensual durante nueve meses, así como dos meses de radiaciones y dos intervenciones quirúrgicas.
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